CUANDO LA FE SE TRABAJA: LA HISTORIA DEL CAMPESINO DEL HUILA QUE CONECTÓ CON JULIÁN DAZA PARA TRANSFORMAR SU COMUNIDAD.

Bogotá, 20 de enero de 2026. – Las historias que transforman comunidades no siempre nacen de grandes discursos, sino de gestos cotidianos, trabajo constante y una fe inquebrantable. Así comenzó el vínculo entre el artista colombiano Julián Daza y el creador de contenido Jheisonfs, un campesino del Huila que, desde el cultivo de café, decidió cambiar la realidad de su comunidad.

Julián Daza ya seguía el contenido de Jheisonfs en redes sociales, donde el joven compartía su día a día como campesino y hablaba con honestidad sobre una necesidad urgente en su zona: la falta de una cancha de fútbol. Lejos de quedarse en la queja, decidió asumir el reto de construirla, aun cuando el terreno disponible no estaba preparado para ello.

A través de sus publicaciones, Jheisonfs mostró el proceso completo: desde organizar un lote baldío hasta trabajar recolectando café con el objetivo claro de reunir recursos para levantar la cancha. En uno de esos videos utilizó la canción “Dios Me Dijo”, acompañando el mensaje con palabras de fe, propósito y admiración por la música de Julián Daza.

Ese contenido fue el punto de conexión. Julián comentó la publicación y, a partir de ahí, se dio una conversación genuina donde Jheisonfs le compartió su proyecto, su motivación y el impacto que quería generar en su comunidad. Conmovido por la historia, Julián lo invitó a una de sus presentaciones para conocerse personalmente.

El encuentro confirmó lo que ya era evidente: se trataba de una iniciativa real, honesta y con un profundo sentido social. Durante ese espacio, Julián decidió apoyar el proceso desde lo humano y lo personal, entendiendo que hay gestos que no necesitan protagonismo, pero sí generan impacto. Además, le expresó su compromiso de acompañarlo el día de la inauguración de la cancha, como respaldo simbólico a una labor construida desde el esfuerzo colectivo.

Las imágenes de la inauguración reflejan el alcance del proyecto: una amplia convocatoria, una comunidad reunida y un espacio que hoy representa oportunidades, disciplina y esperanza para niños y jóvenes de la zona. Un resultado que confirma que el verdadero cambio ocurre cuando el trabajo del campo, la fe y el arte se encuentran con propósito.

Este gesto reafirma el lado más humano de Julián Daza, quien entiende su rol como artista no solo desde el escenario, sino también como un puente para visibilizar y acompañar historias que nacen lejos de los reflectores, pero que merecen ser contadas. 

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