PRIMO ROJAS CONVIERTE LA AMBICIÓN Y LA AVARICIA EN COMEDIA EN “CUATRO MANERAS DE MATAR A LA MAMÁ”

Estreno el 4 y 5 de septiembre en el Teatro Cafam

La ambición, la avaricia y la estupidez humana, exageradas hasta el absurdo, son la materia prima de “Cuatro maneras de matar a la mamá”, el nuevo monólogo de Primo Rojas. Con el humor negro que ha marcado su trayectoria, el actor y dramaturgo construye cuatro historias en las que el afán por tener dinero se convierte en la excusa para justificar incluso lo impensable; además regresa a uno de los temas más presentes en su universo creativo: la relación entre una madre y su hijo, abordada esta vez desde personajes absurdos, decisiones disparatadas y una mirada crítica sobre la obsesión por el éxito económico. Obra que llegará al Teatro Cafam en dos únicas funciones, el 5 y 6 de septiembre a las 8:00 p. m.

Cuatro maneras de matar a la mamá” presenta cuatro variaciones de una misma idea. En la primera, un hombre sin un peso está convencido de que la muerte de su madre puede darle la liquidez que necesita y para lograrlo, recurre a un pacto con el diablo. En la segunda, otro quiere quedarse con la casa familiar para montar allí un expendio de droga y busca en la inteligencia artificial una guía para conseguirlo. El tercero es un tacaño enfermizo que ve a su madre, una mujer hacendosa que cocina, lava y cuida de él, como un gasto del que debería deshacerse. El cuarto, en cambio, rompe por completo las reglas del juego y lleva la obra hacia un lugar inesperado. Los tres primeros son, en palabras del propio dramaturgo, “estúpidos irremediables”.

A comienzos de los años noventa, el neoliberalismo instaló con fuerza la idea del éxito económico, la acumulación y el dinero como medida de progreso y Rojas comenzó a observar con ironía los excesos que provocaban esas nuevas convicciones.Por eso, cataloga esta pieza como “un tratado sobre la estupidez humana llevada al extremo”, pero detrás de esa mirada también está su propia historia.  El actor y dramaturgo ha hablado durante años de la difícil relación que tuvo con su madre, una figura que ha recorrido buena parte de su trabajo de distintas maneras: como recuerdo, conflicto, personaje, antagonista y fuente permanente de creación. Desde esa experiencia personal, pero también desde su observación de la vida cotidiana, Rojas concibe otro de los ejes que atraviesa esta obra: muchas veces no son las grandes tragedias las que llevan a alguien al desastre, sino una mala idea sostenida con absoluta convicción.

A nivel estético y narrativo “Cuatro maneras de matar a la mamá”, vuelve a una puesta en escena sencilla, pero exigente: una mesa, un asiento, luz plena y prácticamente ningún artificio. Todo recae en la palabra, el cuerpo y en su capacidad para construir personajes que transitan de una situación a otra. El humor negro vuelve a ser su principal herramienta, no como una suma de chistes fáciles, sino como una forma de acercarse a situaciones incómodas y llevarlas al terreno de la risa. Allí aparece una de las posibilidades que más le interesan de la comedia: transformar aquello que puede resultar terrible en algo risible y permitir que, detrás de la carcajada, surja también otra manera de mirar.

Esa manera de entender el escenario ha acompañado a Primo Rojas durante buena parte de su trayectoria. Fue en una de las presentaciones de Darío Fo en Bogotá donde surgió esa revelación, descubrir que un actor podía sostenerlo todo con su propio cuerpo, la palabra y un humor profundamente popular. A partir de ahí, Rojas ha construido una dramaturgia que mezcla referencias cultas y populares sin establecer distancias entre ellas, y que encuentra en la comedia una forma de hablar de asuntos profundamente humano. En “Cuatro maneras de matar a la mamá” vuelve a ese principio: tomar una situación que podría pertenecer a la tragedia, llevarla hasta el extremo de la caricatura y convertirla en una comedia sobre nuestras contradicciones, nuestros afectos y, sobre todo, nuestra enorme capacidad para hacer estupideces.

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